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    6/18/2008

    LA MUERTE

     
    La primera condición para la
    inmortalidad es la muerte.
     
    1/18/2006

    LA DISTRAIDA

    Bueno, pues para hoy, una poesía que me ha gustado mucho, y se la dedico a Raki, porque fue ella la que me la mandó, espero que os guste!
     
    No estás ya aquí. Lo que veo
    de ti, cuerpo, es sombra, engaño.
    El alma tuya se fue
    donde tú te irás mañana.
    Aún esta tarde me ofrece
    falsos rehenes, sonrisas
    vagas, ademanes lentos,
    un amor ya distraído.
    Pero tu intención de ir
    te llevó donde querías,
    lejos de aquí, donde estás
    diciéndome:
    "aquí estoy contigo, mira".
    Y me señalas la ausencia.
     
                 -Pedro Salinas-
     
    12/11/2005

    A LA MUERTE

    A la muerte

     

    Seres queridos te miré sañuda

    arrebatarme, y te juzgué implacable

    como la desventura, inexorable

    como el dolor y cruel como la duda.

     

    Mas hoy que a mí te acercas fría, muda,

    sin odio y sin amor, ni hosca ni abable,

    en ti la majestad de lo insondable

    y lo eterno mi espíritu saluda.

     

    Y yo, sin la impaciencia del suicida,

    ni el pavor del feliz, ni el miedo inerte

    del criminal, aguardo tu venida;

    que igual a la de todos es mi suerte:

    cuando nada se espera de la vida,

    algo debe esperarse de la muerte.

     

                            Guillermo Blest Gana

    11/28/2005

    TRISTEZA DE AMOR

     
     
               VEINTE POEMAS DE AMOR Y
              UNA CANCIÓN DESESPERADA
                                POEMA 20
     
     
       Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
     
       Escribir, por ejemplo: " La noche está estrellada, 
       y tiritan, azules, los astros, a lo lejos". 

     

       El viento de la noche gira en el cielo y canta. 

     

       Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
       Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 

     

       En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
       La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 

     

       Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
       Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 

     

       Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
       Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 

     

       Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
       Y el verso cae al alma como pasto el rocío. 

     

       Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
       La noche está estrellada y ella no está conmigo. 

     

       Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
       Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

     

       Como para acercarla mi mirada la busca. 
       Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 

     

       La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
       Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

     

       Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
       Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 

     

       De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
       Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

     

       Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
       Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 

     

       Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, 
       mi alma no se contenta con haberla perdido. 

     

       Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
       y éstos sean los últimos versos que yo le escribo. 

     

                                                           Pablo Neruda

     

     

    11/20/2005

    MI POEMA FAVORITO

          

          Volverán las oscuras golondrinas

     

             Volverán las oscuras golondrinas

               en tu balcón sus nidos a colgar,
            y otra vez con el ala a sus cristales
                        jugando llamarán.

          Pero aquellas que el vuelo refrenaban
          tu hermosura y mi dicha a contemplar,
      aquellas que aprendieron nuestros nombres,
                      ésas... ¡no volverán!

             Volverán las tupidas madreselvas
               de tu jardín las tapias a escalar
          y otra vez a la tarde aún más hermosas
                     sus flores se abrirán.

               Pero aquellas cuajadas de rocío
               cuyas gotas mirábamos temblar
                y caer como lágrimas del día....
                      ésas... ¡no volverán!

                Volverán del amor en tus oídos
                  las palabras ardientes a sonar,
              tu corazón de su profundo sueño
                         tal vez despertará.

             Pero mudo y absorto y de rodillas,
            como se adora a Dios ante su altar,
         como yo te he querido..., desengáñate,
                          ¡así no te querrán!


                      Gustavo Adolfo Bécquer